Como el “mimo” que nos imita a la perfección por la calle, mientras caminamos, nuestra mente desarrolla el “don de replicar”, para usarlo como fórmula de aprendizaje permanente.

Leer un patrón, o un modelo, y ser capaz, no sólo de replicarlo sobre la marcha, sino de hacer los ajustes necesarios para usarlo “de otra forma”, es una habilidad muy interesante, con aplicaciones a cualquier ámbito de nuestra vida personal o profesional. Un ejemplo de este recurso en funcionamiento podría ser, identificar la función de un trozo de código en un programa y, sobre la marcha, reescribirlo mientras aun lo estamos entendiendo, para que haga algo ligeramente distinto, todo, en la mitad de tiempo. El entrenamiento en disciplinas de combate, también puede ayudar a desarrollar este tipo de capacidades.

Las vía más rápida para incorporar conocimiento nuevo, es a través del juego y el movimiento, nuestro cuerpo en movimiento, requiere un número mayor de neuronas activas, mayor “cantidad de cerebro a nuestra disposición”, y en este estado, implantamos la nueva información, o “habilidad”, en este caso, “leer”, e “integrar”, lo que estamos viendo. La repetición de esta fórmula, hasta convertirla en hábito, produce una mente más rápida a la hora de aprender, sea cual sea el contexto.

Como el “mimo” que nos imita a la perfección por la calle, mientras caminamos, nuestra mente desarrolla el “don de replicar”, para usarlo como fórmula de aprendizaje permanente.

Una secuencia cualquiera, genera mil posibilidades en quien sabe “leer”.

En el ejemplo del vídeo, vemos un ejercicio simple de “instalación” de este concepto, una secuencia ejecutada con “arma”, que se traslada sobre la marcha a una secuencia sin el “arma”, realizando los ajustes necesarios para que siga siendo operativa. El método funciona, porque creamos paralelismos sobre lo que nuestro cerebro ya conoce, fijamos puntos de anclaje, en el caso que nos ocupa, los “objetivos” que queremos atacar, en el cuerpo de nuestro oponente , y ahora dejamos que el alumno busque la fórmula para llegar ahí, a partir de lo que conoce.

Todo sucede como un juego, un “desafío personal” que le añade el sentimiento, la emoción de resolver el puzzle, que ayuda a que las nuevas conexiones neuronales, fijen la nueva habilidad o conocimiento, de manera más profunda.

Este tipo de entrenamiento, conjuntamente con el de la gestión del “caos”, que comentábamos en nuestro anterior artículo, ayuda a que nuestro cerebro se acostumbre a “aprender e integrar” en tiempo real, sin más esfuerzo que el que podría llevarnos ver una película, o leer un libro.

Este es el segundo principio sobre el que se fundamenta nuestra metodología, en el próximo artículo, te explicaré como “desmontamos” algo complejo en partes más sencillas, para hacer, no sólo que lo aprendamos más rápido, sino también, de manera que no tenga fallos.

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